Los sitios, monumentos o lugares históricos, los espacios
públicos y las colecciones, objetos y fondos documentales son parte
de las categorías más abarcativas establecidas por la Convención
de la UNESCO para la Protección y del Patrimonio Mundial Cultural y
Natural de 1972. Este agrupamiento establece un marco general a partir del
cual se van desplegando diversos modos de catalogación y valoración
que integrará los cuerpos administrativos, de gestión y legislativos
de cada gobierno. En el caso del Patrimonio Cultural del AMBA, la
Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos, Secretaría de Cultura de la Nación,
la Dirección General de Patrimonio, Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el
Instituto Cultural del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires
son los organismos que se encargan de categorizar los
distintos bienes correspondientes al patrimonio tangible.
Sitios, monumentos o lugares históricos: son
elementos de la cultura material vinculados con acontecimientos del pasado,
de destacado valor histórico, antropológico, arquitectónico,
urbanístico o social. Pueden estar constituidos por áreas urbanas
o rurales y piezas singulares cuya significación es determinante en
la conformación de la memoria colectiva, la historia y la identidad
cultural de la sociedad. Con la declaración de la ciudad de Buenos
Aires como capital permanente de la República Argentina en 1880, se
abrió un período pacífico de organización del
nuevo estado en torno a un proyecto de modernización. En ese contexto
cobró gran importancia la creación de sitios y monumentos, así
como también la necesidad de reconocer edificios o lugares que representaran
la historia, las luchas y las características particulares que pudieran
sentar las bases de la consolidación de una idea de “nación”.
Ejemplo de ello fue el debate por el destino de la Pirámide de Mayo,
en el marco del proyecto de remodelación de la Plaza de Mayo en 1884
que implicó su desplazamiento a un punto central y la demolición
de la Recova Vieja. Desde ese entonces y hasta la actualidad, se instaló
la conciencia y la necesidad de destinar objetos materiales a la conmemoración,
rememoración o representación de diversos episodios, protagonistas
o hechos singulares que actúen como referencias testimoniales para
las generaciones presentes y futuras.
En general la dinámica que moviliza el señalamiento,
creación o valoración de estos bienes ha sido signada por los
impulsos vinculados a los aniversarios de los distintos hechos. El centenario
de la Revolución de Mayo (1910) y de la Independencia (1916) o el cuarto
centenario de la fundación de Buenos Aires (1936) por ejemplo, han
promovido la profusión de piezas y la renovación urbana en torno
a estos motivos. Asimismo, la conmemoración de la muerte o nacimiento
de grandes figuras políticas marcan momentos de producción de
monumentos, placas recordatorias y señalamiento de sitios o áreas
significativas.
Especialmente luego de la Segunda Guerra Mundial, se ha
incorporado con mayor profusión el recuerdo y la memoria de hechos trágicos,
en el contexto del debate por el denominado “patrimonio controversial”
(sitios como los campos de concentración en Europa Central, lugares
de detención o matanza en el contexto del Apartheid Sudafricano entre
otros), en el que las opiniones se dividen entre la demolición y la
protección patrimonial para combatir el olvido. Esta tendencia cobró
gran importancia en el caso particular de la Argentina, especialmente luego
de la última dictadura militar respecto de qué hacer con los
llamados “sitios del horror”, cuya mayor concentración se produjo en el Área
Metropolitana de Buenos Aires.
Espacios públicos: incluye parques, plazas,
plazoletas, bulevares, costaneras, calles u otros. Su valor radica en función
del grado de calidad ambiental, homogeneidad tipológica espacial, así
como en la presencia en cantidad y calidad de edificios de valor histórico
y de las condiciones espaciales y funcionales ofrecidas para el uso social
pleno.
Hacia 1870, el entonces presidente Sarmiento introdujo la
idea de crear parques públicos con el múltiple propósito educativo, social
y productivo e impulsó el primer emprendimiento de este tipo: el Parque Tres
de Febrero. De allí en más se inaugura una larga tradición en parques como
Palermo, Patricios, Centenario, Micaela Bastidas, que cumplen además una
función reguladora del crecimiento de la ciudad y se convierten en piezas
clave en los planes urbanos hasta la actualidad.
Hacia fines del siglo XIX los parques se constituyen
como espacios públicos destinados a ofrecer alternativas de ordenamiento,
saneamiento y descongestionamiento a la gran ciudad moderna en pleno
proceso de expansión. En este sentido cumplieron fundamentalmente un
rol civilizatorio y homogeneizador, permitiendo a amplios sectores de la
población
acceder a lugares de esparcimiento, recreación e intercambio social.
Durante el siglo XX el parque público fue virando hacia la idea de
“espacio verde”, concepto que abarca además a otros espacios
públicos urbanos –como plazas, plazoletas, bulevares o costaneras-
que amplían su significación en la relación entre ciudad
y “naturaleza”.
La “plaza” es un espacio público rodeado
de edificaciones ubicado dentro del tejido de la ciudad. De larga tradición
en las ciudades hispanoamericanas, las plazas del Área Metropolitana
de Buenos Aires, cobran un protagonismo principal tanto en su rol de “plaza
mayor” (cuando constituye el núcleo simbólico principal
en los pueblos o ciudades) como en su calidad de espacio abierto intraurbano.
Tienen en general un alto valor social, funcional y simbólico por las
múltiples y cambiantes actividades que albergan históricamente.
Junto a los bulevares, plazoletas o grandes avenidas conforman hasta la actualidad,
importantes herramientas urbanas modernas de alta cualidad indispensables
para contribuir a un equilibrio ambiental.
En tanto, la particular relación del área metropolitana
con el Río de la Plata ha sido históricamente compleja. En parte
por las condiciones aluvionales de su lecho y su ritmo de crecidas que le
confieren al borde un carácter inestable, barroso y blando. Estas características
ciertamente diferentes de la costa uruguaya- han dado lugar a una ocupación
paulatina a lo largo del tiempo. A partir de la década de 1880, el
avance de la ciudad sobre el río constituyó una acción
sistemática entre otros factores por la dificultad política
de prever la reserva de tierras fiscales para diversos usos. Esto motivó
la compleja, desarticulada y variable formación de una costa que hasta
hoy se encuentra en
constante replanificación
. La sucesión de funciones avenidas costaneras, instalaciones fluviales,
portuarias, industriales, espacios de esparcimiento- conforman hoy un conjunto
discontinuo de espacios públicos de gran importancia que al mismo tiempo
y por esta misma condición de inestabilidad, corren riesgo de ser ocupadas
para fines privados o restringidos.
Un caso particular de espacio público lo constituyen
también los jardines históricos (Botánico, Japonés)
y son productos de la ordenación humana de elementos naturales, caracterizados
por sus valores estéticos, paisajísticos y botánicos
que ilustran la evolución y asentamiento humano en el curso de la historia.
Sitios arqueológicos: El patrimonio
arqueológico se compone de sitios o enclaves en los que se comprueba
la existencia real o potencial de restos y testimonios o bienes de interés
relevante que puedan ser extraídos o no, tanto de la superficie terrestre
o del subsuelo, como de medios subacuáticos.
La existencia de un importante patrimonio arqueológico
bajo el suelo del área metropolitana bonaerense, ha dado lugar a la
producción de investigaciones y a la promoción de acciones en
torno a su conocimiento, comprensión y difusión de los procesos
socioculturales del pasado. Si bien es una instancia reciente en la política
de protección y conservación del patrimonio cultural, ya cuenta
con algunas iniciativas estables, principalmente en el área de la Ciudad
Autónoma.
El acelerado proceso de crecimiento del área conllevó
a un paralelo proceso de destrucción del pasado material, testimonio
vivo de la memoria urbana. La indiferencia o desinterés por sitios,
edificios y objetos produjeron, por lo tanto, la pérdida irreversible
de contextos materiales potencialmente interesantes en cuanto a la información
sobre actividades industriales, de esparcimiento, agrícolas, ganaderas,
comerciales, quema o depósito de basura, administrativas, habitacionales,
etc. Dar cuenta de esto, posibilita reconocer indiscutiblemente el valor y
significación cultural que reviste este patrimonio científico
y la necesidad de su estudio y recuperación.
La valoración del patrimonio cultural en zonas arqueológicas
del Área Metropolitana de Buenos Aires abarca diversos criterios y
registros. Por un lado se encuentran las áreas y bienes culturales
correspondientes a los diversos períodos históricos: desde el
período anterior a la Revolución de Mayo (precolombino y período
colonial) hasta los siglos XIX y XX. Pero también incluye los sitios,
áreas y bienes de la historia reciente especialmente vinculados a los
restos existentes en los sitios de detención y tortura durante la última
dictadura militar, muchos de los cuales habían sido demolidos y destruidos
apenas finalizada.
Por estos motivos, la declaración y protección
de áreas de interés arqueológico es de vital importancia
para permitir el desarrollo de trabajos de investigación y rastreo
de elementos cuya evidencia se halla sugerida o demostrada por estudios históricos.
La atención a esta condición permitirá intervenir en
el contexto de la fuerte dinámica urbana moderna que afecta el Área
Metropolitana de Buenos Aires, que consiste en el recambio de bienes materiales
e inmuebles propiciando al mismo tiempo, la conservación y detección
de bienes claves para la conformación de la cultura urbana.
Los principales centros dedicados en la actualidad a esta
especialidad son el Programa de Arqueología Urbana, dependiente de
la Dirección general de Patrimonio del Gobierno de la Ciudad de Buenos
Aires y el Centro de Arqueología Urbana, de la Facultad de Arquitectura
de la Universidad de Buenos Aires.
Colecciones y fondos documentales: existentes
en museos, bibliotecas y archivos así como otros bienes de destacado
valor histórico, artístico, antropológico, científico,
técnico o social. Buena parte de la cultura material se encuentra en
ámbitos institucionales tanto públicos como privados, así
como en propiedad de particulares.
La principal concentración se encuentra
en los diferentes museos cuya variedad temática abarca buena parte de los
principales aspectos de la historia cultural, política y social. Además
el área
metropolitana cuenta con una gran cantidad de centros culturales, que complementan
y fomentan las acciones en pos de consolidar el patrimonio cultural en general.
Junto a la gran cantidad de bibliotecas públicas,
universitarias, escolares, empresariales e institucionales, en el área
metropolitana confluyen instituciones nacionales, municipales y provinciales
cuyo acervo conjunto constituye uno de los más importantes del país,
donde se conserva un valioso patrimonio de colecciones de objetos (artísticos,
artesanales, técnicos, históricos), bibliográficos, fotográficos.