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ENERGÍA
Juan Legisa
Guillermo Kotoudjian

Es imposible concebir la vida en sociedad sin la utilización de la energía. No sólo la requieren las actividades productivas para desarrollar sus procesos y los sistemas de transporte para su funcionamiento; también consumen energía los individuos y las familias en la gran diversidad de actividades que desarrollan.
Existen dos formas básicas de energía: la provista directamente por los combustibles fósiles (gas, petróleo y sus derivados) y la energía eléctrica que, en términos generales, es más limpia y barata que los combustibles fósiles; sobre todo, que el petróleo.
A su vez, la energía eléctrica puede obtenerse de tres fuentes principales: de los propios combustibles fósiles (en centrales térmicas), de las caídas hidráulicas (en centrales hidroeléctricas) y de la fusión nuclear (en centrales atómicas).
En síntesis, hay un conjunto de formas de producción de energía, renovables y no renovables, cada una de las cuales tiene su ventaja y su desventaja, en relación con su disponibilidad, su costo y sus efectos ambientales.

Situación actual
La región metropolitana de Buenos Aires es una gran consumidora de energía. Aún cuando congrega al 33% de la población nacional, usa el 42% del total de la energía consumida en el país. Los usuarios son de diversos tipos, tanto en relación a la energía eléctrica como al gas, como ilustran los esquemas adjuntos. Si bien los más numerosos son del tipo residencial, también existen consumidores industriales, comerciales y grandes usuarios, entre éstos últimos debe contarse los servicios de transporte.

En contraste, dada su lejanía a los yacimientos de combustibles fósiles y a las centrales hidráulicas y nucleares, es una pobre productora de energía, ya que genera sólo el 26% del total de energía producida en el país. A su vez, la generación eléctrica en el área es exclusivamente del tipo térmica y los combustibles utilizados son el gas natural, el gas oil y el fuel oil. Se realiza en seis centrales de distinta magnitud en cuanto a su potencia y a su generación (Costanera, Puerto, Dock Sud, Genelba, Buenos Aires y Dique) como ilustran las figuras adjuntas.

Esta forma de producción tiene un efecto perjudicial para el medio ambiente; particularmente en los últimos años en que se ha utilizado más fuel oil que antes, lo que produjo un notorio aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (CO2 y NOX).

Como consecuencia de lo anterior, se puede caracterizar a la región metropolitana como una importadora neta de energía, dado que casi un 40% de la energía que consume le es provista a través del Sistema Interconectado Nacional, tanto desde las centrales hidroeléctricas de Yacyretá, de Salto Grande y de las ubicadas en la región del Comahue, como de las centrales nucleares.

Con respecto al gas natural, la región metropolitana es netamente importadora, ya que el gas natural que se consume, tanto en forma directa como indirecta para la generación de energía eléctrica, proviene de principalmente de la Cuenca Neuquina (un 74% en el año 2005) y también de las Cuencas Austral y Noroeste.

En relación a la infraestructura, tanto eléctrica como gasífera, la región metropolitana es la región del país con más densidad de líneas eléctricas y de tuberías de gas. La electrificación es prácticamente total en el AMBA y el servicio está a cargo de las empresas concesionarias Edenor y Edesur.
Las redes de gas natural también alcanzan a toda el área metropolitana, siendo las empresas concesionarias Metrogas y Gas Natural Ban.
También la infraestructura del Gas Natural Comprimido (GNC) ha venido creciendo estos últimos años. Actualmente, toda el Área Metropolitana cuenta con una vasta red de estaciones de GNC que ha llegado a incluir aproximadamente 600 establecimientos.

El sector transporte, como se decía anteriormente, es una gran consumidor de energía. Los ferrocarriles electrificados y los subterráneos (formas de transporte predominantemente de pasajeros) consumen energía eléctrica y representan el 32% de la energía total consumida por el sector. El 68% restante, es decir el transporte automotor y los ferrocarriles aún no electrificados (formas de transporte de pasajeros y de cargas), utilizan combustibles fósiles, más contaminantes que la energía eléctrica y menos económicos.

Entre estos combustibles se destacan el crecimiento del GNC, que presenta ventajas de costo y de relativa limpieza en el transporte automotor de pasajeros (sobre todo en taxis y remises, pero también comenzando a operar en ómnibus metropolitanos) y en vehículos particulares; el gasoil, que es combustible de transporte de cargas, y por último las naftas, que son utilizadas por la mayoría de los automóviles particulares.

Podemos concluir de éstos últimos dos párrafos que el transporte de pasajeros utiliza tanto la energía eléctrica como los combustibles fósiles, de los cuáles uno de los más empleados es el GNC. En cambio el transporte de cargas opera casi exclusivamente con combustibles fósiles como el gasoil y el fuel oil.

En síntesis, en el sector transporte se registra una preponderancia de las energías no renovables (gas y derivados del petróleo), por lo cual no se puede soslayar la cada vez más creciente importancia del deterioro ambiental registrado a nivel de contaminación atmosférica que produce el sector transportista en su conjunto, sobre todo el parque que funciona con combustibles como el gasoil, el fuel oil y la nafta.




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