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Urbanización de la costa
ANTECEDENTES

Ezequiel Martínez

El proceso de ocupación de las riberas de la ciudad fundada por Juan de Garay en 1.580, admite una división temporal básica:
Una primera etapa, que se extiende desde dicha fundación hasta la eclosión del Modelo del 80 (1580-1880 aproximadamente), en la cual se producen las primeras y pequeñas intervenciones, así como la formulación de proyectos de puertos que no se concretaron.

Una segunda etapa, caracterizada por una serie de intervenciones significativas; en especial, por el desarrollo de los Puertos (1884-1925), de las Costaneras (1916-1940) y de los Parques (desde 1996 hasta nuestros días).

Primera etapa
En los primeros años de Buenos Aires, las riberas del Río de la Plata eran playas con presencia de juncos y arbustos. Los primeros asentamientos se ubicaron en las tierras altas, separadas por la barranca natural de la playa llana y vegetada, para evitar las inundaciones. Son las barrancas que aún hoy se observan en la ciudad, en sectores tal como Parque Lezama, Plaza San Martín y Barrancas de Belgrano.

Hacia 1776, cuando se constituyó el Virreinato del Río de la Plata, el ejercicio de la libertad de comercio generó mayor interés en mejorar las precarias instalaciones portuarias y su accesibilidad, para permitir el arribo de embarcaciones de mayor porte. El constante varado de embarcaciones frente a la costa de Buenos Aires y el crecimiento de las actividades comerciales incrementaron la demanda de infraestructura portuaria, al mismo tiempo que se manifestaban preocupaciones por el abastecimiento de agua corriente. Como primer intento de dar respuesta a dichos requerimientos, en 1822 arribó a Buenos Aires el ingeniero inglés Santiago Bevans, a quien se le encomendó proyectar un puerto para la Ciudad, además de instalar cañerías para la provisión de agua a la población.

A mediados de 1829, es el ingeniero Carlos Enrique Pellegrini quien presentó su proyecto consistente en la construcción de un dique en las inmediaciones del Fuerte, desde el cual partiría un corto acueducto para alimentar a tres fuentes en la Plaza de Mayo. Al igual que en el anterior caso, diversas circunstancias frustraron la realización de este proyecto.

Entre 1838 y1848 comenzó el proceso de avance sobre el río. El Brigadier General Juan Manuel de Rosas, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, compró el “bañado” de Palermo (nombre de su primitivo dueño) donde realizó obras de relleno y parquización en el entorno de su residencia, creando el embrión del actual Parque Tres de Febrero, en lo que es hoy la intersección de las avenidas Libertador y Sarmiento.

A su vez en 1865, como anticipo de los posteriores intervenciones, surge el muro vertical que contuvo las tierras del Paseo de Julio, iniciando a su vez, la tradición de los proyectos de espacios públicos costeros.
Vista de Buenos Aires desde el río, circa 1867

Segunda etapa

- Los Puertos
El 21 de septiembre de 1880 se declara por Ley a la Ciudad de Buenos Aires, Capital de la República. Comienza entonces el período de las importantes transformaciones urbanas que condujeron a que la ciudad fuese reconocida como la París de América.

El Puerto de Buenos Aires debía acompañar en tiempo y forma al desarrollo del creciente comercio internacional. Luego de vicisitudes político-técnicas y arduos debates públicos centrados en las figuras de Luis Huergo y Eduardo Madero, se suscribe el contrato para la construcción de la propuesta de Madero votada por el Congreso Nacional. En diciembre de 1884 el presidente Julio A. Roca firma el contrato definitivo y las obras se inician en marzo de 1887.

Plano de Eduardo Madero, 1884.

En enero de 1889 se inauguró el Puerto, que resultó de escasa vida útil. La evidente falta de visión estratégica -anticipada por Huergo- sobre los problemas técnicos operacionales de la propuesta de Madero, concluyó en su vertiginosa obsolescencia y la decisión de construir entre 1919 y 1925 el Puerto Nuevo de la Ciudad; esta vez con la idea rectora de Luis Huergo. Ambos Puertos expresaron una materialización contundente, dado que tanto las tecnologías portuarias de aquellos años como las actuales se basan en la utilización del muro vertical como medio de contención del suelo. Tanto los documentos, los proyectos como las obras concretas de los puertos, instalaron la concepción del muro vertical como única resolución de la interfase entre la ciudad y el río.

Es destacable señalar que estas dos grandes obras presentan un modo de relación similar con el río, difiriendo solamente en la disposición y forma de sus dársenas de carga y descarga; unas interiores y otras exteriores. Es así que la construcción de las instalaciones portuarias impulsaron el paulatino suavizado de la barranca original, con el fin de mejorar la accesibilidad a las mismas.

Plano de Luis Huergo, 1919.

- Las Costaneras
Ya por el Centenario, y con el objeto de reinstalar una mejor relación de la población con el río, se proyectó recuperar el área costera de Puerto Madero mediante la construcción de una amplia rambla de 10 metros de ancho sobre el río y un paseo superior de jardines y edificios de equipamiento.

El paseo balneario propuesto por Benito Carrasco incorporó la tendencia cultural del momento: el muro vertical. Sin embargo Carrasco supo mediatizar la robustez de la obra con la playa y el contacto con el agua del Río de la Plata. El balneario, inaugurado en 1918, presentaba un rígido paseo superior provisto de equipamientos y jardines, por el que se descendía con gradas escalonadas a uno inferior que permitía que los paseantes accedieran a la playa natural. También incluyó un espigón al sur que ingresaba 180 metros aguas adentro. Este diseño permitió, de acuerdo a las costumbres predominantes de la época, su uso como paseo urbano desde la rambla superior, a la vez que como balneario desde la rambla inferior. La obra, de elocuente monumentalidad para aquellos años, resultó ser un exitoso balneario municipal y constituyó la primera manifestación moderna del vínculo tierra-agua de la Ciudad de Buenos Aires. Fue ampliamente usado, como lo atestiguan numerosas crónicas de la época.
Vista de Buenos Aires - Costanera Sur 1918

La evolución de la ciudad requirió continuar avanzando sobre los terrenos bajos ribereños con el fin ya no eran sólo del esparcimiento, sino también para ganar tierras estratégicas al río.

Es así que, luego de numerosas propuestas de la Comisión de Estética Edilicia creada por el intendente Noel y las del prestigioso paisajista francés C. Forestier, se dicta en 1923 la ordenanza para el inicio de los trabajos de la Costanera Norte de la Ciudad.

Plano de C. Forestier, 1920.

Si bien no están muy alejadas en el tiempo, la Costanera Norte difería ampliamente de la Costanera Sur, dado que no contaba con paseo inferior ni contacto con la playa y el río. El proyecto de la Costanera Norte asumiendo una relación similar a la portuaria, negó el contacto con el río, dado que sólo consta de un paseo superior, desde el cual sólo es posible el contacto visual.

El borde de la nueva intervención no fue tan abrupto como el muro vertical, pero fue igualmente rígido. Consistió en una estructura de hormigón armado revestida con paneles premoldeados con una inclinación casi vertical. La diferencia entre las dos Costaneras es de importancia. Si bien la finalidad de ambas fue facilitar el acceso de la población a las tierras bajas de la ribera, sus configuraciones formales determinan usos diferentes.
La merma del vínculo alejó paulatinamente al ciudadano de la costa, generando desinterés y escasa conciencia de su valor. Esta situación favoreció el incremento de la contaminación de los cursos de agua que desembocan en la costa del Río de la Plata.

El crecimiento del imaginario sobre la peligrosidad del agua en cuanto a sus niveles de contaminación, la ausencia de acciones para mitigarlos y las políticas de relleno sobre el borde costero, aumentaron aún más la distancia física y cultural entre el ciudadano y el río.

Los Parques

En este último período se ha ido generando conciencia sobre el respeto a los ciclos naturales y, en particular, sobre la necesidad de preservar las interfases entre la tierra y el agua que posibiliten la dinámica de los procesos ecológicos.
Revertir la tendencia tradicional del crecimiento de la Ciudad a través de defensas de borde verticales, requiere conocimiento y diseño de variantes.
El período de los Parques presenta una evolución respecto a los dos anteriores (Puertos y Costaneras), aunque coexisten en él las contradicciones culturales aun imperantes en la sociedad sobre las formas de resolución de la interfase ciudad - río.
Si bien en este período hay soluciones que tienden a ampliar la relación entre la población y el río, también existen otras que remiten al pasado. Así es que se ha puesto en práctica las siguientes

Parque de los Niños Muro Vertical
Parque de la Memoria Muro Vertical
Arroyo Raggio Talud Natural
Parque Mirador del Este Talud enrocado
Parque Natural Talud / Playa granular media
Arroyo Ugarteche Talud Inter-trabado
Playa del Reencuentro Playa Granular fina / media
Muros verticales, taludes, enrocados y playas artificiales coexisten actualmente como muestra de la búsqueda por restituir la interfase tierra-agua inmersa en la confusión cultural y conceptual actual sobre el modo más adecuado de resolverla.

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