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Pampa - Ecología
CARACTERIZACIÓN DE LOS AGROECOSISTEMAS

David Bilenca,
Fernando Miñarro
Carlos González Fischer

La Unidad de Paisaje Pampa se ubica, desde el punto de vista biogeográfico, dentro de la llamada Provincia Pampeana que incluye a las pampas o región pampeana del centro de Argentina, las praderas de Uruguay y los campos del sur del Estado de Rio Grande do Sul, en Brasil. En conjunto, esta vasta región constituye una de las áreas de pastizales templados más grandes del mundo, con una superficie aproximada a los 760.000 km2. Básicamente, se trata de una extensa y continua planicie, en la que se alternan, a lo largo de grandes distancias, paisajes totalmente planos con otros de relieve ligeramente ondulado.


Ubicación relativa del área comprendida por el AABA en la sub-región de la Pampa Ondulada.
Fuente: D. Bilenca – F. Miñarro.

Esta Unidad de Paisaje se encuentra comprendida en la sub-región conocida como Pampa Ondulada, y que abarca parte de las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, en una extensión de aproximadamente 44.000 km2 (4,4 millones de hectáreas). Es una zona con un relieve suavemente ondulado donde la presencia de sedimentos loéssicos en el subsuelo, el clima húmedo y templado y la suave topografía conjuntamente con la densa cobertura herbácea favorecieron el desarrollo de suelos de gran fertilidad.

Por otra parte, merece destacarse que dentro de la gran extensión de la región pampeana, este área tiene la particularidad de que en sus inmediaciones se produce la convergencia biogeográfica de elementos de diversa procedencia o abolengo, ya que aquí se entrelazan aportes provenientes no sólo de la Provincia biogeográfica Pampeana sino también de la Paranaense y del Espinal. El estudio de los fragmentos remanentes de vegetación leñosa que aún se conservan en los alrededores del AMBA, así como la distribución de los cordones y las barrancas, indica que la extensión de las comunidades leñosas en tiempos recientes en la Pampa Ondulada debe haber sido bastante mayor a la que puede apreciarse hoy.

La Provincia Pampeana en su conjunto cuenta con una biodiversidad bien distintiva, siendo una de las áreas de mayor riqueza de especies de gramíneas en todo el mundo. En efecto, tomando en cuenta las floras de la provincia de Buenos Aires, la de Entre Ríos y la de Uruguay se han contabilizado 553 especies de gramíneas diferentes, incluyendo en esa cifra tanto a las especies nativas como naturalizadas. Sin embargo, algunos investigadores han remarcado la relativa pobreza que presenta la flora pampeana, y en particular la provincia de Buenos Aires, respecto de la riqueza florística que se aprecia en otras áreas de clima templado de las mismas dimensiones. Una de las hipótesis con mayor respaldo científico, señala que este fenómeno puede estar relacionado con la invasión masiva de ganado doméstico ocurrida entre los siglos XVI y XIX, que trajo aparejada la invasión de plantas exóticas asociada a este proceso.


Relicto de un pastizal de “flechillas” de Stipa hyalina, hoy reemplazado por el paisaje de los agroecosistemas.
Fotografía de: Eduardo Haene.

La estructura original de la vegetación corresponde a un pastizal con una alta diversidad de especies vegetales. La composición de las especies va cambiando de acuerdo a su ubicación en el terreno (gradiente topográfico). Esto significa que la ubicación en el paisaje determina una serie de restricciones al crecimiento de las plantas, que dependen de la composición de los suelos, del tiempo en que están anegados (saturación hídrica), de la alcalinidad y de la salinidad que presentan.

El pastizal alcanza unos 50-100 cm de altura, aunque por lo general los efectos del pastoreo conducen a que la vegetación se disponga verticalmente en 2 estratos: uno inferior, que cubre hasta los primeros 5cm y es de densidad variable, y otro superior, compuesto por pastos densos, pequeñas leñosas y algunas malezas introducidas. Las comunidades vegetales que originalmente se encontraban en las zonas de suelos fértiles, y que son las que antiguamente más abundaban, corresponden a los llamados flechillares , dominados por especies de los géneros Stipa, Paspalum, Piptochaetium y Aristida, entre otros.

Entre los mamíferos más comunes que conforman en la actualidad la fauna autóctona de la Pampa Ondulada figuran el zorro gris pampeano (Dusicyon gymnocercus), el gato del pajonal (Lynchailurus pajeros), el zorrino (Conepatus chinga), el hurón menor (Galictis cuja), el peludo (Chaetophractus villosus), la mulita pampeana (Dasypus hybridus), el tuco-tuco de los talares (Ctenomys talarum) y el cuis pampeano (Cavia aperea).


Cuis pampeano – Peludo. Fotografías de: Alec Earnshaw.

A diferencia de lo sucedido en otros continentes, como el africano, los pastizales de Sudamérica se desarrollaron y evolucionaron sin la presencia de grandes manadas de herbívoros. En tiempos recientes, y hasta la introducción de los ganados vacuno, lanar y caballar por los conquistadores españoles y portugueses, los venados y guanacos habían sido los herbívoros de mayor porte de los pastizales aunque, para algunos investigadores, es poco probable que estas especies hayan tenido una fuerte participación en determinar la estructura de la vegetación ya que, si bien ambas eran muy abundantes, se encontraban mayormente asociadas a cuerpos de agua. En cambio, es probable que los armadillos y las hormigas, ampliamente distribuidos por la región, hayan contribuido, a través de su actividad cavadora y de su participación en la dispersión de semillas, en la formación del suelo y en la estructuración de la vegetación.

Entre las aves, algunas de las especies más emblemáticas de la Pampa Ondulada son el ñandú (Rhea americana), las perdices inambúes (Rynchotus rufescens y Nothura maculosa), el chajá (Chauna torquata), el tero (Vanellus chilensis), la lechucita de las vizcacheras (Athene cunicularia), el lechuzón (Asio flammeus), el chingolo común (Zonotrichia capensis), la cachirla común (Anthus correndera), la ratona aperdizada (Cistothorus platensis), el hornero (Furnarius rufus), el misto (Sicalis luteola) y el carpintero campestre (Colaptes campestris), entre muchas otras. Ver más en Unidad temática Biota - Aves.


El ñandú, un ave corredora por naturaleza, hoy se encuentra perseguida por los productores agrícolas
por alimentarse de la soja en las etapas iniciales del cultivo.
Paralelamente, existen algunos pocos emprendimientos de cría destinados a un uso sustentable de la especie
como proveedora de plumas, huevos, cuero y carne.
Más información sobre cría y comercialización del ñandú en
http://www.inta.gov.ar/balcarce/info/documentos/ganaderia/otras/aves/nandu.htm
Fotografía de: F. Miñarro / FVSA.



Chajá. Fotografía de C. del Águila.



Cachirla común. Fotografía de M. Ruda Vega.

Sistemas naturales y transformados: los agroecosistemas.
La práctica de la actividad agropecuaria en el medio rural, trae aparejada una serie de profundas transformaciones en el uso de la tierra, en la cual los ecosistemas naturales son remplazados por otros en donde aparecen cultivos, huertas, granjas, alambradas, tambos y campos de pastoreo. Estos ambientes modificados se denominan agroecosistemas.

Estas modificaciones afectan los más diversos procesos ecológicos, desde el comportamiento de los individuos y la dinámica de las poblaciones hasta la composición y estructura de las comunidades y los flujos de materia y energía, todo lo cual constituye en la actualidad una de las principales fuentes de cambio global. Según estimaciones recientes, se calcula que más de la mitad de la superficie terrestre ha sido destinada a la práctica de la agricultura, la ganadería o la plantación de bosques artificiales, representando una de las acciones humanas que más modifican el ambiente.

Al mismo tiempo, el crecimiento de concentraciones urbanas como la ciudad de Buenos Aires, también trae aparejado una serie de impactos no deseados sobre el medio rural que la circunda y que incluye, entre otros aspectos, la transformación de tierras productivas, que se destinan a usos urbanos y a diversas actividades extractivas.
Los agroecosistemas son ecosistemas manejados por el hombre con la finalidad de producir alimentos y fibras, y son sometidos a frecuentes modificaciones. Se altera la composición de las especies, se maneja la productividad, así como la disponibilidad de nutrientes o la humedad del suelo. Los procesos y actividades que se desarrollan en los agroecosistemas dependen de factores socio-económicos como las tendencias de los mercados y de los consumidores, los precios y las políticas de subsidios, que influyen sobre los tipos de alimentos que se han de producir, y sobre los modos de producción que se han de emplear.

Una de las características más relevantes de la expansión de los agroecosistemas en el mundo ha sido la partición de los hábitats naturales y el consecuente aislamiento de los “fragmentos” remanentes, proceso que es conocido con el nombre de fragmentación. Una de las principales consecuencias biológicas de la fragmentación es que los fragmentos o parches de hábitats que resultan de este proceso se comportan como “islas” que son incapaces de sostener la misma cantidad de especies que contenían originalmente cuando estaban contiguos unos con otros. Es por esta razón que se ha podido establecer una clara relación entre el proceso de fragmentación y la reducción local del número de especies.


El alto grado de fragmentación del paisaje en los agroecosistemas de la región pampeana,
ha reducido al máximo los espacios naturales para el desarrollo de la vida silvestre.
Fotografía de: Archivo FVSA / Aníbal Parera.

Los ambientes con vegetación espontónea que se desarrollan en las alambradas que rodean a los campos de cultivo, las banquinas, los terraplenes y los márgenes de cursos de agua, representan los elementos del paisaje de los agroecosistemas que más se asemejan a los hábitats originales. Estos ambientes conservan una función muy importante, ya que suelen actuar como corredores que conectan los fragmentos de pastizales y montes naturales que aún pudieran encontrarse en el paisaje. De esta manera, los corredores contribuyen a incrementar las tasas de desplazamientos de plantas y animales y, con ello, a contrarrestar por medio de sucesivas recolonizaciones las extinciones locales que pudieran tener lugar en los fragmentos. Los corredores proveen también sitios de nidificación para ciertas aves y, al igual que los fragmentos, pueden funcionar como refugios para muchas especies que se dispersan desde los cultivos cuando tienen lugar perturbaciones, como las ocasionadas por las labores agrícolas.


Vía férrea con vegetación espontánea. Cumple una importante función como corredor entre fragmentos
de pastizales naturales aislados. Fotografía de: Mario Beade / FVSA


Implantación de cultivo en banquina de camino. Fotografía de: Fernando Miñarro / FVSA. .

Por otra parte, es importante destacar que la biodiversidad presente en los ambientes con vegetación espontánea interactúa con los procesos productivos que tienen lugar en los agroecosistemas ya que, por ejemplo, favorece el desarrollo de la apicultura, a través de la provisión de plantas con flores ricas en néctar y polen, y son también fuente de insectos polinizadores que contribuyen a incrementar la producción de muchos cultivos. Al mismo tiempo, ha quedado bien documentado el papel que le cabe a la vegetación espontánea en el control biológico de plagas, ya que en estos ambientes suelen mantenerse muchas de las especies que son enemigos naturales de las plagas que atacan a los cultivos.


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